El Mito del talento

Vivimos en una sociedad muy preocupada por el valor de las cosas. El desempeño. Pero todo desempeño es relativo. ¿Rápido comparado con qué? ¿Caro comparado con qué?
Un nene da sus primeros pasos a X meses. El segundo tarda el doble. "Tu hermanito empezó a caminar X meses antes que vos!" "Tu hermano mayor saca mejores notas en matemáticas." "El hijo de Rubén empezó a hablar a los X meses, que lento".
El tipo más rico. El hombre más rápido. El mejor jugador de la historia. Son tratados como héroes. Como una clase superior de seres humanos. Tocados por algo divino. Automáticamente se lo respeta. Por sus logros.
El problema es que eso implica lo inverso.
Si ellos son superiores, nosotros somos necesariamente pelotudos. Mediocres. Si no tenés logros, si tu desempeño es menor, si sos menos millonario, merecés menos respeto. Sos menos persona.
¿Cómo puede ser que alguien se enoje tanto por perder en un partido, incluso uno que ni siquiera juega él mismo? Si se supone que ganar te hace mejor. Perder te hace menos valioso. Nadie se quiere sentir menos valioso. Defienden su posición con rabia y se comen a cualquiera que amenaze su posición. Creen que son buenos porque juegan bien. Que ganar los hace de alguna manera superiores. Es un juego. Somos personas.
¿Cómo puede ser que una habilidad tan específica como patear una pelota de acá para allá decida cuanto valés como ser humano?
¿Tiene sentido siquiera pensar en esos términos? Valor de un ser humano.
Lo paradójico, es que al ser tan importante ganar, al no poder darse el lujo de perder UN PUTO JUEGO, de poner en riesgo su valor social, te presionás demasiado, estás demasiado tenso, te esforzás demasiado, y por lo tanto, necesariamente, no vas a poder desempeñarte a tu 100 por ciento.
Bajás sólo por la montaña y agarrás perfecto los saltos. No importa si bajás bien o mal, lento o rápido. Escuchás el sonido de la tabla y la nieve, sentís las imperfecciones de la pista, vas trazando el recorrido más épico, escuchando música, absorbido por la cantidad de sensaciones geniales que te llegan de los sentidos.
Tu conciencia está distraída por todas esas cosas, no interfiere con el funcionamiento de la parte de tu cerebro que se encarga de realizar esa red de movimientos que llamamos snowboard. Todo te sale fantástico.
De repente bajás con amigos y les querés mostrar lo fantástico que estás andando. Ésta es la mía. Es tu momento de brillar. Y te concentrás en hacer cada movimiento perfecto. Pero no podés. Estás duro, rígido, tenso. La espectativa, la presión, te limitan. Tu conciencia tiene tantas ganas de hacer las cosas bien que decide hacerse cargo de todo. Si querés algo bien hecho hacelo vos mismo. Pero la conciencia no puede hacer eso. No está diseñada para eso. No le dan los jugadores, bastante literalmente, para eso.
Esta tan obstinada en controlar todo para que salga bien que interfiere con los procesos de la parte del cerebro que se debería encargar de los movimientos. Las piernas tensas no absorben bien los bumps. Te caés.
Los mejores jugadores de fútbol y de básquet meten prácticamente todas las pelotas en la práctica. Pero en los tiros libres de los torneos, suelen patear como mogólicos. La acción es exactamente la misma. Exactamente la misma. Pero la presión, la espectativa que le meten los otros, o ellos mismos, de que se desempeñe bien, es tan grande, que casi todo su cerebro está ocupado por procesar esta presión en vez de estar ocupado por patear la pelota. Esto no es una metáfora. Literalmente conectaron electrodos a la cabeza de futbolistas, y podían ver con total claridad como en un tiro que REALMENTE sentían que tenían que meter, secciones completas del cerebro básicamente se apagaban por la presión.
¿Entendés lo que esto significa? Cuánto más le gritás a tu compañero que tiene que hacer las cosas bien, cuanto más lo puteás por hacer las cosas mal. Más comprometés su capacidad de jugar bien.
¿Podés ahora ver lo profundamente estúpido de ese comportamiento? Quiero ganar el partido, por lo tanto insulto o me burlo de mi compañero cuando juega bien o mal, por lo tanto reduzco mis propias posibilidades de ganar el partido.
Es tan estúpido como la persona que quiere pedirle un favor a alguien y al hacerlo la trata mal. Después se pregunta por que el otro se niega a hacerle ese favor. Genuinamente no se da cuenta de que su propia falta de amabilidad al pedir algo es la razón por la que no lo obtiene. Nada es más maravilloso que la capacidad de la gente para ser estúpida. Es encantador.
Es crucial que entiendas que tu conciencia está hecha para observar y decidir. De la ejecución se encargan otras partes.
Por supuesto que no es tan fácil. Si intentás controlar te sale mal. Si intentás no intentar, te sale mal. Si no intentás no intentar, tampoco podés.
Para poder hacer esas jugadas, tenés que distraerte. Distraés a tu conciencia con algún detalle de la acción. Los cambios en el sonido de tabla surcando la nieve. El movimiento rítmico de la pelotita de ping pong. El ritmo de tu respiración. Distraer a la conciencia para que deje de interferir y le permita a tu cuerpo hacer lo que ya sabe hacer hace rato. Eso que te sale con naturalidad en las prácticas.