El mono y la estrella

“La mediocridad es una elección.”
John Z. Smith


Un mono usando una herramienta. Un bebé usando una cuchara. Es pésimo. Sólo le sale una de cada ocho veces. Animal incompetente. Inferior. No tiene lo que hace falta. No nació con la inteligencia superior del ser humano. ¿Para qué se molesta? Mejor tirarse excremento y sentarse deprimido en su jaula. La rutina diaria.

Setescientos intentos después. El mono la descose. Nunca falla. Una máquina de millones de dólares y un equipo de neurocientíficos con tantos años de especialidad acumulada que para sostener la ilusión de que tu opinión vale lo mismo que la de ellos deberías haber empezado a leer mecanismos de regulación enzimática a la edad en que todavía te cagabas encima. La conectan al cerebro del mono. Pueden ver las neuronas que controlan los movimientos de la mano.

Los circuitos primitivos de la mano del mono cambiaron. El grupo de neuronas es más grande. Diez veces más neuronas. Miles de veces más conexiones. El mono es un experto. El mono no era un experto. El mono era un mono inútil. Insuficiente. Inadecuado. Sin talento. El mono se hizo un experto.

Una computadora. Muy lenta para permitirte trabajar. No te sirve. No podés administrar tu empresa o hacer tu trabajo con ella. No sirve. No podés. No te da. La seguís usando. Cada día es un poco mejor. Un poco más rápida. Setescientos intentos después funciona de maravilla. Hace el trabajo perfecto y le sobran recursos para jugar al buscaminas y perder el tiempo en facebook. Te preguntás como pudiste llegar a pensar que no ibas a poder hacerlo. Que no podías hacerlo.

Y es cierto. No podías. En ese momento. Con esa capacidad. No podías. Pero sos un ser humano. Venís de una sociedad donde la gente nace inteligente o talentosa, o vende hamburguesas y trabaja en oficinas. O eso es lo que te criaste creyendo. Ideas de hace doscientos años. Dinosaurios en tu cabeza. Pertecen en un museo. El neurólogo que llevó a cabo el experimento del mono está resignado: Pudo ver, con sus propios ojos, el desarrollo de un grupo de neuronas que acompañó al mono de ser insuficiente, incapaz, a ser un experto. Hizo el puente en su cabeza: si eso puede hacer un simio, ¿qué puede hacer el hombre?

Diseñó un segundo experimento: agarró ancianos seniles y esos nenes en la escuela a los que “les cuesta.”

Me cago en La Realidad.

Período Crítico
Podés criar a un animal en un ambiente con sonidos arbitrarios que ellos eligen. Y ver  como desarrolla un procesador especializado para ese complejo sistema de sonidos, ver como exagera el nivel de separación de los sonidos en términos de sistemas multidimensionales de representación neuronal. Han criado animales en el equivalente de un bebe criado cerca de un ventilador de techo moderadamente ruidoso. Y el cerebro del animal se vuelve fantástico procesando ese sonido sin sentido. Puedo de esta manera frustrar la capacidad de la criatura de procesar sonidos que si llevan significado. Esto sin duda ocurre en muchos bebés y es la causa de incontables deficiencias en el desarrollo del lenguaje. Es el periodo donde se generan, digamos, el cableado básico.
Etapa de Plasticidad Adulta
El cerebro refina su maquinaria mientras va desarrollando un repertorio de habilidades. Esta etapa va desde el final del primer año de vida del niño hasta su muerte. En esta etapa el cerebro tiene estrategias para decidir que habilidades quiere desarrollar. Puede dedicar atención para desarrollar habilidades una por una. Y tiene que ver con las recompensas que recibe por estos comportamientos.
Estudio alrededor de 1999 en la Universidad de Provence, Marsella. A un monito lo hicieron trabajar con una herramienta, el equivalente de un nene manejando una cuchara. El mono dominó el uso de la herramienta luego de 700 intentos. Al principio el mono era un mono incompetente, le salía digamos una de cada ocho veces. Setescientos intentos después el mono la tiene re clara. Nunca falla en el uso de la herramienta. Miran el cerebro del mono y se dan cuenta de que se ha deformado. Podés ver el mapa de los circuitos neuronales que corresponden con la piel de la mano y ver como crecen y cambian su patrón de respuesta a medida que el mono pasa de inútil a fantástico. Se puede ver claramente el area que corresponde al uso de cada dedo, y como el área que controla los dedos que se necesitan para manipular la herramienta se desarrollaron a lo largo de los 700 intentos, y son visiblemente más grandes y complejas que las de otros dedos. Circuitos que el mono tiene como vos y yo tenemos. Ahora el mono recibe información más detallada sobre estas partes de su cuerpo.
Imaginate como esto aplica a la conciencia y control de tus emociones a través de la meditación.
Revisaron obviamente varias áreas corticales y todas fueron modificadas en formas específicas a esta habilidad o capacidad. Todas son remodeladas. Todas se especializan para la realización de la tarea.
¿Entendés ahora la importancia de estar atento a las cosas que hacés y dejás de hacer día a día?
Hay cambios específicos detectables en 15 a 20 áreas corticales distintas para una habilidad tan sencilla como manipular, digamos, una cuchara. Eso representa un cambio masivo en tu cerebro. Representa un cambio en las respuestas de decenas, posiblemente cientos, de millones de neuronas. Representa cambios en cientos de millones, quizás miles de millones, de conexiones sinápticas en tu cerebro.
Lo importante es la selección de cosas que el cerebro cree que son importantes. Le dedica atención, comienza el proceso de reestructurar todo para patear traseros en ellos. A lo que le prestás atención. Lo que encontrás gratificante. Lo que el cerebro piensa, por si mismo, que es importante para vos.
A lo que le prestás atención. Una capacidad que en si misma podés desarrollar. Fundamental, en que si tenés el poder de dirigir tu atención a voluntad, podés entonces desarrollar cualquier habilidad a voluntad. Boom, Picasso.

A su equipo de especialistas le toma un promedio de 30 horas reacondicionar el procesador de lenguaje de un niño con problemas de aprendizaje. Para 2004 ya habían trabajado con unos 230.000 chicos.
Trabajando con ancianos de 80 y 90 años, con esas mismas míseras treinta horas, los pasó dos desviaciones estándares para la derecha. Del grupo de los lentos, al promedio o al grupo de los rápidos. Del fondo de la clase al frente, en unas 30 horas de trabajo intensivo.

Ahora que entendés que es perfectamente posible, y de hecho el proceso natural, estar a cargo del desarrollo de tus propias capacidades y habilidades mentales, ¿qué vas a hacer con esa información? La mayoría no va a hacer nada, o lo va a dejar para después, cuando no estén tan ocupados o tan cansados. Esa tierra imaginaria a la que nunca llegamos.

Ya veo la respuesta de muchos, ya la escuché antes. “Esto no aplica a mi.” “Yo no soy así”. “A mi siempre me costó X”. Si funciona para un mono, un viejo senil y un nene con impedimentos de aprendizaje, te estás comportando como una nenita.