Pomodoro

Uno de los beneficios que no vi venir de trabajar en períodos completamente arbitrarios de 25 minutos es que son completamente arbitrarios.
25 minutos no es una unidad de tiempo sacada de un profundo conocimiento del funcionamiento de la mente humana. Al pendejo consultor que lo inventó le pareció que sonaba cool, y que probablemente rankeara re bien en Google. Lo fantástico de esto es que te sentás a trabajar en algo, y si tu cabeza es más o menos como la mía (pista: lo es) te lleva, digamos, cuatro minutos realmente comenzar a hacer la tarea y unos 20 entrar en calor, dejándote unos segundos de trabajo realmente espectacular antes de un recreo forzado. Un individuo menos iluminado por mi -falta— de sentido común diría que eso es poco productivo. Imbécil. Tu cabeza es bastante pésima a la hora de dejar de pensar en algo. Me vas a dar la razón si alguna vez hiciste este acto tan poco común que los expertos llaman... preocuparse.
Claramente somos pésimos en dejar de pensar en algo. Particularmente cuando estás entusiasmado. Te sentaste 25 minutos a hacer algo, y cuando más o menos estabas logrando progreso, BOOM, pausa. Tu inconsciente te putea por lo bajo (la única forma de putear del inconsciente) y se rebela, como siempre. Pista: anticipalo y aprovechate, como hace el Pomodoro. El resultado es que durante el recreo, cuando se supone que te tenés que estar despejando, tu cabeza se empecina en seguir pensando en tu tarea. Recién, por ejemplo, decidí ducharme en los cinco minutos. Poco realista, pero me tengo que duchar antes de acostar, y me tengo que acostar porque cuando me comí un chocolate para festejar las primeras 1000 palabras del nanowrimo, accidentalmente comí una pastilla para dormir. Y cuando digo accidentalmente quiero decir irresponsablemente. Me duché en 6 minutos, acepté mi fracaso a la hora del recreo porque deprimirse no sirve para nada, y me maravillé porque, rompehuevos como siempre, mi inconsciente decidió seguir pensando en la tarea mientras yo me empecinaba en ducharme, y me trajó un par de ideas geniales para seguir avanzando. No estaría muy lejos de la realidad decir que fui más productivo durante el recreo que mientras estaba trabajando. En tu cara,  jefe con ideas anticuadas sobre el trabajo y la productividad!