Diferentes Infiernos



-Te ves bien. Como si te hubieran despertado dos horas después de acostarte cuando te habían prometido que ibas a dormir cinco horas.
-Te odio
-Es mutuo. Yo también me odio. Pero sólo los domingos.
-Te acabo de conocer y ya te odio. ¿no te dice algo?
-Que sos un muy buen juez de carácter. Ahora, estás encerrado en un lugar muy mal decorado con un montón de bichos con unas ganas muy fuertes de bajonear personas. Qué vas a hacer?
-No morir.
-Buen plan. ¿Alguna idea de como implementarlo?
-Eh...creo que te voy a seguir a vos.
-Excelente, aprendés rápido. ¿Es por mis fantásticos pantalones ajustados?
-No te voy a decir que tenés buen culo, no es un buen contexto para flirtear, y no tenés el tipo de órganos reproductivos que me gustan a mí.
-Idem, pero qué mal. Ahora, lo importante de esto…es no morir.
-Ya dije eso.
-Wow, sos una bola de alegría, ahora entiendo por qué tus compañeros con armas realmente largas te "perdió" en terreno lleno de hostiles. Normalmente matan a oficiales que los mandan en misiones suicidas, pero en situaciones excepcionales también se han matado tipos muy hinchapelotas. Me pregunto qué diran sobre vos en tu sumario: “Rompió mucho las bolas, se lo tiramos a los crudos. Juntamos su...raspamos sus restos de la pared con esta espátula y los pusimos en esta bolsa ziploc.”
-Qué divertido que sos.— Uil no sonreía.
—Sarcasmo, que adorable. ¿Querés un poco más de electricidad? Estás moviendo el culo, eso está bueno.
-¿Cómo es eso de que podés manipular electricidad?
-Prefiero decir que soy tan genial que los electrones me aman y quieren hacer lo que sea para hacerme feliz. Un tipo me dijo electromante pero creo que estaba confundiendo latín con griego.
-¿Eh?
-Nada, etimología. Es como hablar, pero menos sexy. Uil se echó para atrás y se rascó la cabeza, esperando que lo que sea que le picara fuera un bicho normal y no un super bicho color petróleo que fuera a succionarle el cerebro e infectarlo con un retrovirus que lentamente lo convirtiera en un crudo con ganas de bajonearse personas. Aunque así no tendría que encarar la pila de papeles que se apilaba en su escritorio. tenía la ligera sospecha de que MT lo odiaba y le daba cada vez más papeles, en proporción a cuánto se esforzaba, lo suficiente para que siguiera teniendo una ilusión de progreso pero no tanto como para que dejara de desesperarse. Había algo que no terminaba de cerrarle con el cirujano. Sintió un toque en el hombro. Se dio vuelta y vio un rostro de pesadilla con unas fauces del tamaño de un melón y unos dientes que parecían haber intentado -sin éxito- comerse una granada de mano. Esperó morirse un momento pero no se murió; la boca terrible no se movía.
-Deberías estar un poco más atento- dijo la boca de pesadilla.
-Eso es falto de tacto en como tres niveles distintos.
-Tu mamá es falta de tacto...aunque.
-¿POdés soltar eso? Creo que te podés infectar, no son super contagiosos esos bichos?- Yac sonrío y tensó los músculos del brazo, como si un primate quisiera exhibirse ante una hembra para aparearse, se escucharon varios cracs y comenzó a salirse humo de los brazos.
-Desinfección instantánea.- Yac seguía agarrando el cráneo de la criatura que acababa de empalar y usaba como un tíetere sosteniendo la mandíbula.- Qué feo es no tener público.