Inglés

Una señora con muchos años y pocas ganas de vivir, erosionada por décadas de resistir los insultos de enanos ingratos que no entienden por qué los obligan a aprender un idioma que no habla nadie que conocen. Un pizarrón lleno de tablas conconjugaciones de verbos que nos vas a usar nunca en tu vida y humillación pública por fallar una regla gramática que ni los que nacen hablando inglés conocen, un par de prácticas orales donde la clase entera se podía reir de tus errores y la persona que te enseñaba no hablaba con fluidez como para pretender enseñarte.

Si, como yo, tu experiencia aprendiendo inglés en el colegio fue por ese estilo, no me sorprende que creas que aprender es frustrante, que "no sos bueno con los idiomas." De hecho, varios de los políglotas que más me enseñaron pensaban eso de sí mismos. Uno llegó a los 30 con un dominio mediocre del español, y, después de hacer unos clics, pasó a dominar 6 idiomas en 10 años.

No importa si tenés 9 o 90, si sólo querés pulir tu charla o no podés poner ni dos palabras juntas sin que google te corrija, confiá en mi, poné el esfuerzo, y vas a llegar a que extranjeros te pregunten en qué país de europa te criaste.

Si sos mayor, quizás recuerdes que las personas con labio leporino crecían con un retraso mental. Académicamente, y a la hora de comunicarse de forma oral y escrita, no estaban a la altura de sus compañeros. Procesaban la información, para ser precisos, 11 veces más despacio, en promedio. ¿Qué paso con esas personas y esa condición? Un cirujano holandés descubrió que si lo operabas a tiempo y drenabas el fluido tapando sus oídos se desarrollaban con normalidad. El fluido en sus oídos distorsiona el sonido, les llega información deteriorada, y el cerebro hace lo que puede. El neurólogo Michael  Merzenich, avanzando sobre su trabajo, confirmó que, mientras vivimos, generamos neuronas, y que si sometemos al cerebro al esfuerzo correcto, puede aprender. Siempre puede aprender. Hasta que se muere.

Dejame repetirlo. Si podés entender esta secuencia de manchas negras que estoy usando para comunicarme con vos, tu cerebro cuenta con todas las herramientas que hacen falta para hablar inglés como, no, mejor, que alguien que nació haciéndolo. Sólo necesitás buena materia prima y la energía para hacer el trabajo que moldee tu cerebro. Del material nos encargamos nosotros. Lo único que tenés que poner vos son las ganas de aprende